viernes 8 de julio de 2011

Pies de patito


Todo tiene una explicación, y como mi vida es un torrente de emociones y de experiencias interesantes y emocionantes, no me queda otra que explicaros cualquier anécdota o chorrada si quiero continuar cibernéticamente viva.

Ayer, después de seis horas caminando al sol con mi mochila, mi cámara de fotos, mi GPS y mi brújula, vistiendo un atractivo conjunto de pantalones bombachos negros (rotos por la unión con la goma del pie, pero discretamente disimulado, ya que me queda en el pliegue de la rodilla, donde no llega el ojo humano) y camiseta de tirantes lila, todo ello conjuntado con unas sandalias para caminar (obvio. Lo que quiero decir es que eran deportivas, de senderismo o lo que queráis), rebobino, que con tanto paréntesis y frase subordinada no hay quien entienda nada. Os decía que después de todo el día al sol, agotada, tenía clase de danza. Una vez que llegué a casa me daba una pereza mortal ir, pero tenía que hacerlo.

Estando preparando mi mochilita pensé: no te dejes los calcetines, que a ver cómo bailas sin ellos... así que fui al cajón de los calcetines, escogí unos y los puse encima del resto de la ropa. Y me fui. Al cabo de un rato, estando en el metro, me llama Abu. Que al subir de pasear a Lola lo primero que había visto nada más entrar al comedor había sido un par de calcetines tirado en el suelo. Yo soy de las que se ahoga en un vaso de agua, por lo menos hasta que lo asimilo. Crisis y gran drama.

Sirvi: kjsdkvhkjjihdwijhiuhihekjjv (improperios varios, en lenguas vivas y muertas). Voy a buscarlos.

Abu: Pero, ¿cómo vas a venir a buscarlos? ¿No hay un chino o algo, por ahí?

Sirvi piensa en la respuesta a su pregunta y en si lleva dinero, que por baratos que puedan ser los calcetines de un chino no es rara la vez que una servidora sale sin un puñetero duro de casa.

Sirvi: Creo que sí.

Y nada, seguí mi camino confiando en que mi memoria no me hubiera jugado una mala pasada. Al llegar puede comprobar que, efectivamente, había un bazar justo enfrente de la clase. Entro y veo que es enorme, como suelen ser estas cosas. Así que, para no perder tiempo, pregunto directamente en el mostrador.

Sirvi: Hola.

El bazarero, que después de todo resulta no ser chino, sino paquistaní (país arriba, país abajo, que no llevaba el pasaporte en la boca), me mira.

Sirvi: ¿Teneis calcetines?
Bazarero: ¿Eléctricos?

Estaba claro que alguno de los dos había sufrido las consecuencias de un error de recepción del mensaje, así que, con mi mejor intención, decido aclarar el mensaje.

Sirvi: Calcetines... para los pies.

Habla con su compañero compatriota en una lengua que no soy capaz de identificar y, mucho menos, descodificar, y le dice algo así como "esta gilipollas se debe pensar que por no ser de aquí soy tonto", a lo que el otro respondió brevemente lo que sería un "ya te digo". Finalizada su conversación sobre mí como si no estuviera, el bazarero me contesta, en un perfecto castellano.

Bazarero: Tercer pasillo.


Y allí me fui. Después de diez minutos de revolver entre calcetines y bragas, todos ellos de gran calidad y diseño extraordinario, todo lo que encuentro en talla de adulto (de reducidas dimensiones, pero suficientes para poder embutir un 40/41 dentro de ellos) son unos calcetines de Patito Feo. Número 6, Chulos, ¿eh?. Lo que no entiendo es por qué Patito Feo está en talla adulto y Bob Esponja y Buzz Lightyear no, que puestos a escoger casi los hubiera preferido. Para colmo sueltan pelusa y no queráis saber lo que me costó quitármela de los dedos para conseguir un mínimo estado de pulcritud deseable para cualquier persona que aspire a no ser excluida socialmente por sus semejantes.