Os voy a poner en situación (o, lo que es lo mismo, os voy a soltar el rollo antes de llegar al asunto de este post. Si no te interesa salta al siguiente párrafo; si sigo yéndome por las ramas prueba en el siguiente -o en el otro...-). Bueno, lo que os decía, esta mañana me he despertado a las mil porque ayer volví a casa a las dos (y eso, para una servidora, siempre ha sido trasnochar) después de cenar con las chicas de danza. Después de marujear un rato, desayunar y seguir marujeando otro tanto, hemos decidido lanzarnos a la calle a la caza de los regalos que aún nos faltaban por comprar.
Ni que decir tiene que el centro estaba imposible, claro, pero queríamos ir a un par de tiendas que había allí, así que nos hemos dejado arrastrar por la corriente humana Portal de l'Àngel abajo hasta Portaferrissa, hasta la Plaça del Pi y, de ahí ¡zas! a Las Ramblas. Las Ramblas... tan evitadas por mí siempre que puedo. Pues bueno, estábamos Abu y yo paradas fuera del chorro de personas que subía y bajaba, deliberando sobre dónde podíamos ir a buscar el siguiente regalo, en esto se nos acerca un señor de unos setenta o setenta y cinco años (yo soy muy mala para estas cosas), con traje, sonriendo y con un acento de Vic que te mueres nos dice, a dos por hora, desde detrás de sus gafas:
Señor: Perdonen, señoritas...
Abu y yo le miramos. Sigue sonriendo.
Señor: Hablan español?
Nosotras tenemos más bien poca pinta de guiris. Yo lo sigo mirando a la expectativa mientras a Abu le ha salido una sentida respuesta un tanto contradictoria con el mensaje que pretendía transmitir.
Abu: I tant!
Vuelve a inclinar la cabeza para seguir hablando.
Señor: Saben cuál es la profesión más alegre?
En este momento a mí me ha salido un "ay..." antes de que pudiera darme cuenta siquiera, ante el temor a un posible final desagradable.
Señor: La más alegre, la más alegre del mundo.
Yo, aunque sigo con la mosca detrás de la oreja, espero ya a que acabe.
Señor: La de barrendero.
Hace una breve pausa, quizás para regocijarse en nuestros caretos. El mío por lo menos; me sentía como en una peli de Almodóvar, qué estaba pasando?
Señor: Porque siempre barriendo (va riendo).
Abu ha empezado a descojonarse y yo me he quedado con cara de nada, alucinando de lo surrealista del asunto.
Señor (sonriendo mientras se iba): Adiós. Y perdón por las molestias.
Y ya. Se metió en el chorro descendente de las Ramblas y, tal y como vino, se fue. Por qué hizo todo esto siempre será un misterio para nosotras pero creo que, una vez que asimile que esta anécdota fue real (estoy en ello), la recordaré con cariño.